Bajé la cabeza para que no viera mis lágrimas, cubrí mis muñecas con las mangas del jersey desgastado.
No podía mirarlo a la cara, seguro que estaba decepcionado, triste, preocupado e incluso enfadado.
Con un suave movimiento me levantó un poco la cara hasta que mis ojos se encontraron con los suyos.
"Lo superaremos juntos" me susurró y solo después de eso me abrazó.
domingo, 23 de febrero de 2014
martes, 31 de diciembre de 2013
Relato
Esa mujer posada en su desgracia, quien se la vea.
Con el rostro cabizbajo al lado de su difunto marido.
Un alma vagabunda le susurra: "Observa a este pobre insensato que no quiso vivir, míralo bien porque quizás sea la única muerte que veas más".
La esposa escruta el semblante de su marido: su tez blanca, sus ojos cerrados, tal vez una leve sonrisa, quién lo sabe.
Su rostro solo demuestra paz, no existe un signo de arrepentimiento ni dolor, solo un pesar, el de no haberlo hecho antes.
Ella no puede dejar de pensar que sus sufrimientos habían llegado a su fin.
No vería más la cara de su esposo bañada en la agonía. No escucharía sus constantes vitales decaer cada día más, ni los gritos de dolor.
A pesar de haber cumplido con el deseo de su amado, su amor se había marchitado.
"No se puede hacer amor con una sola persona" pensaba.
Se fue, solitario, apenada y no paró de andar cuando llegó a los bordes de aquel puente.
Allí se fue su vida, atada y dependiente a la de él, incluso hasta después de la dulce muerte.
Con el rostro cabizbajo al lado de su difunto marido.
Un alma vagabunda le susurra: "Observa a este pobre insensato que no quiso vivir, míralo bien porque quizás sea la única muerte que veas más".
La esposa escruta el semblante de su marido: su tez blanca, sus ojos cerrados, tal vez una leve sonrisa, quién lo sabe.
Su rostro solo demuestra paz, no existe un signo de arrepentimiento ni dolor, solo un pesar, el de no haberlo hecho antes.
Ella no puede dejar de pensar que sus sufrimientos habían llegado a su fin.
No vería más la cara de su esposo bañada en la agonía. No escucharía sus constantes vitales decaer cada día más, ni los gritos de dolor.
A pesar de haber cumplido con el deseo de su amado, su amor se había marchitado.
"No se puede hacer amor con una sola persona" pensaba.
Se fue, solitario, apenada y no paró de andar cuando llegó a los bordes de aquel puente.
Allí se fue su vida, atada y dependiente a la de él, incluso hasta después de la dulce muerte.
lunes, 9 de diciembre de 2013
Soledad
¿Quién me cuidó cuando estaba mal?
¿Quién estuvo a mi lado cuando lloraba?
¿Quién oyó mis gritos en la oscuridad?
¿Quién vio a través de mis ojos el dolor?
¿Y a través de mi sonrisa?
¿Quién vio a través de mis ojos el dolor?
¿Y a través de mi sonrisa?
Cómo puede ser tan triste contestar que nadie lo hizo.
jueves, 14 de noviembre de 2013
Tristeza
Altas horas de la noche, ella echada en la cama, con las muñecas cubiertas de sangre tapando las cicatrices, ahora de nuevo, abiertas. Solamente piensa: "¿esto es normal?"
Muere lento, muere por esas cicatrices que cada día le recuerdan lo miserable que es.
Muere lento, muere por esas cicatrices que cada día le recuerdan lo miserable que es.
viernes, 1 de noviembre de 2013
Egoista
Si te contara el sentimiento que me desgarra el corazón, el motivo de cada lágrima que derramo, la explicación de mi miedo a quedarme sola, esas voces que gritan en mi cabeza... si te contara todo lo que siento, todo lo que sufro... de qué serviría.
Te olvidarías de todo, qué te importa si no te ocurre a ti, es el egoísmo de la maldita raza humana.
Te olvidarías de todo, qué te importa si no te ocurre a ti, es el egoísmo de la maldita raza humana.
miércoles, 10 de julio de 2013
Sueños
Abrí los ojos, las tres de la madrugada. Miré hacia mi lado, allí estaba él, con esa cara que tanto adoraba, parecía menor que yo, siendo cinco años mayor, dormía tiernamente y respiraba con dificultad. A veces sonreía, ¿qué estará soñando? Abrió los ojos torpemente, y me besó dulcemente en los labios "soñaba contigo" decía mientras sonreía y volvía a dormir.
sábado, 22 de junio de 2013
Yo, miento.
Es cierto, miento sin piedad. No pienso si me puede afectar.
Tan sucio e impuro es mi juego, que con este corazón devorado me convierto en un monstruo, incapaz de sentir.
Miento sobre todo aquello que me pueda hacer daño, me convenzo a mí misma que soy fuerte y que no debo llorar enfrente de la gente, aunque mi corazón esté roto y destrozado y mis ojos desborden tristeza.
Me miento solo a mí misma de que estoy bien, de que siempre lo he estado.
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